No hablo de la ropa usada. Hablo de la tienda con recuerdos en que se ha convertido mi pieza.
Removiendo mi clóset, encontré los zapatos que usaba para bailar flamenco durante cuatro años. Me los probé, y extrañamente todo calzaba y recordaba los pasos como el primer día de ensayo.
La falda todavía está escondida en alguna bolsa, y las castañuelas entre cajones con cartas de ex pololos y lápices bic, poemas en pedazos de servilleta y boletas de restaurant.
De repente sería maravilloso encontrar una tienda real que logre reunir todos los recuerdos que hicieron que te realizaras. Pero por algo los recuerdos son historia, y la historia es lo que nos forma y reforma a medida que pasan los años y te cansas y quieres empezar de nuevo o sentirte como antes.
Quizás me haría bien tomar clases de baile.
A.