jueves, 25 de julio de 2013

Gastando la vida.

No puedo dejar de pensar en que las palabras que el Papa Francisco dijo a miles de jóvenes reunidos en Brasil son las que resonaban mucho en mi cabeza desde hace unos años, cuando empecé a darle forma a mi manera de ver la religión. 

No creo que una Iglesia correcta sea la que mantiene estatus de antaño, no creo que una Iglesia que predica amor al prójimo discrimine y segregue y no se escandalice por ello, no creo que una Iglesia quiera que los jóvenes pierdan el encanto de sus años dorados encasillándolos en modos de vida que no son los que se merecen. 

Ser joven significa entregarlo todo. Significa gastar cada día y gozar, disfrutar los detalles, las chelas con los amigos y la pizza helada al desayuno Significa vivir unas borracheras (y resacas) de las que te hacen decir: nunca más. Significa alzar la voz y marchar. Significa no ser un discurso vacío, sino uno vivo. 
Ser joven es ser un agradecido de la vida y de las oportunidades, es saber que está en nuestras manos cambiar el mundo. Es usar la educación como herramienta y la carrera como un medio para que el entorno que conocemos quede más lleno de colores a como lo encontramos. 
Significa desordenarse y buscar un Dios o una energía superior, o la Pachamama, lo que sea que le dé sentido a la vida y nos haga cuestionarnos, y arriesgarse, y salir de la zona de confort. 

Son las tres de la mañana y he tenido un día agitado, he hecho más cosas de las que el tiempo me permite, y creo que todo avanza demasiado rápido. Ojalá mañana tenga tiempo de apreciar la cordillera que se asoma a mi alrededor y dejar de escribir palabras bonitas sobre cómo vivir la vida y la juventud, y comenzar a hacerlo. Por ahora, agradezco mis veinte, y agradezco mis ganas de querer dejar huella comenzando ahora, sin esperar tener una vida perfectamente formada ni social mente diseñada. 

Francisco, sos grande. Buenas noches.