Típica frase que te dicen cuando te acaban de despechar. Es cierto, hay millones de otras personas en el mundo pero en el momento no te interesan. Entonces, ¿por qué el empeño en decirle a nuestros amigos que busque a alguien más cuando es un consejo que jamás seguimos?
Cuando la decepción amorosa acaba de ocurrir, la peor frase para decir es la de los pececillos. Y en cualquier sentido, necesitamos aprender a buscar otra manera de enfrentar lo que nos pasa. La opción no es cerrar una herida abriendo otra para olvidar, sino que sanarse a uno mismo. Irse de viaje, conseguir un pasatiempo, preocuparse de la formación personal y del desarrollo de las propias capacidades. Necesitamos aprender a gozar de la soledad, más pololeos no significan mejor tiempo invertido. No necesitamos otro clavo en la madera, sino que el siguiente paso valga la pena.
Los peces se atrapan con caña. Quedan enraizados a quién los toma, no tienen posibilidad de escapar, luchan pero finalmente caen y se enredan. Eso es para una relación que se compromete a fondo, que se lanza al vacío de lo que es el amor, no para sacar risas en la juventud y para conocer sin destino fijo.
Necesitamos aprender a pescar sin caña. A experimentar, a coquetear, a usar todas todas las técnicas de seducción, a disfrutar, a pasarlo bien sin ese miedo idiota de tener que emparejarse para no pasar la vejez solo. Queda tiempo aún, y siempre dicen que lo verdadero no se busca, sino que se encuentra. Puede que a veces nos esquive, tomemos diferentes caminos o derechamente lo pierdas. Pero de una u otra manera está, no gastes mente ni corazón en lloriquear por la soltería.
Pesca sin caña, aprovecha, goza de todo lo que se puede hacer en este momento, descubre. No te amarres.
Equivócate, marcha, grita, ríe, falta a clases si quieres, llora, llénate de cultura, anda a bailar, planta un árbol. Aprende, enseña, ama, pierde. Estos años son dorados.
Vuela.
A.
A.
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