miércoles, 2 de mayo de 2012

Run, run, run

No hay nada más satisfactorio que salir corriendo.
No hablo de huir, hablo de despejarse.
De escuchar música que te guste o escuchar lo que te rodea, de no tener un rumbo fijo y darte hasta el límite. Hasta el límite de ti, hasta el límite de todos los que creían que no te la podías.

No corro para ser más flaca (aunque quizás con la dieta de chocolates y copete debería), no corro para estar en un campeonato ni para que nadie me vea. Corro por mi. Corro para darme cuenta que cuando el viento desordena mi pelo y desordena mi mente, la vacía, la despeja, la relaja, es que me doy cuenta que nada es indispensable. Que las peleas se olvidan, que lo dicho ya se escuchó y que al final del día el corazón siempre sabe más.

Me gusta sentir mi corazón latiendo cada vez más rápido porque mi vida se basa en hacer las cosas con pasión, como se entrecorta la respiración porque dije todo lo que quise y le grite a quienes lo merecían, el sudor bajando por mi frente porque significa que me he esforzado por ser quién soy y porque no ha sido fácil.

Es que a veces correría por noches enteras, para empezar de cero. A la vuelta lo mejor es una ducha fría y una hoja en blanco.
Es en estos días en que entiendo tanto a Forrest Gump.

A.

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