Ha sido una noche entretenida.
Me ví rodeada de sicólogos e ingenieros comerciales y compartiendo unas buenas cervezas empezaron los temas de contingencia, del cual voy a destacar lo que pasó cuando empezamos a hablar de instituciones del estado (no, no pongo la "e" mayúscula porque creo que eso otorga una superioridad que no necesariamente es merecida si las cosas no funcionan correcta y equitativamente). Al final del día el estado deberíamos ser todos, pero las políticas públicas y lo implementado surge en base a pocos, y pocos un poco idiotas. Es por lo mismo que en la noche, mientras carreteaba y hablábamos de por qué el SENAME tiene tantas cosas que solucionar, o por qué las ONG no reciben un mayor estatus, o cuáles son los incentivos para que la gente actúe (o deje de hacerlo), es que me quedé atrapada en qué cresta pasó con el idealismo. Qué pasó con los años dorados donde la juventud creía que podía hacerlo y deshacerlo todo para el bien mayor, y que ahora son encargados de estas instituciones estatales las cuales no trabajan en función de individualizar y empoderar a la gente, sino que se estancan en estatutos y cimientos añejos y sin coherencia con el presente.
Qué pasó con las preocupaciones sociales yendo más allá de otorgar subsidios o canastas familiares, qué pasó con la gente que creía en cambiar la sociedad y a la hora de tener en sus manos la opción, prefieren abstenerse y optar por la comodidad de dejarlo todo como está. ¿Cuándo empezó el miedo al cambio?
Claro, ahora creemos que vamos en pro de una sociedad más integrativa, más capacitada para entregar una calidad de vida buena y digna, que vemos las marchas y las luchas de miles, discusiones, ajetreo, discursos... pero al fin y al cabo nada sirve si la gente al mando no se decide a cortar de raíz.
Los sicólogos presentes expusieron su punto sobre focalizarse a trabajar con las personas que se pueda y ayudar haciendo cambios pequeños, un ingeniero comercial nos dio la triste visión de que para mejorar las instituciones se necesita plata y sin eso estamos en nada.
Yo sigo creyendo que se necesitan voces.
A.
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