domingo, 11 de agosto de 2013

Efecto domingo de otoño.

Es una sensación que se repite el mismo día, durante las últimas dos décadas. Esos almuerzos familiares, agradables, con risas y un bajativo rico, una siesta, y empezar a organizar la semana que nunca termino tan perfectamente como planeo.  Los domingos para mí son un día de casa. Si no viviera en Santiago me encantaría instalarme alrededor de las siete y media de la tarde, mirando un lago, el mar, el campo, la playa.. tapada con un chal, un mate, mis cigarros (as usual) y un buen libro. Con ese viento frío que me deja las mejillas rojas. Con esa nostalgia con la que me siento tan acompañada.

-A.

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